Fátima, Malka, Medina son algunas de las miles de mujeres que se enfrentan día a día a la desprotección y a la falta de asistencia en las crisis humanitarias. En los campos de refugiados, las mujeres son las que sostienen la vida de las familias, pero sin embargo, sufren la violencia de grupos armados y delincuentes que abusan de su vulnerabilidad. Ir a buscar agua, ir a recoger leña…tareas cotidianas se convierten en acciones de alto riesgo.
Para dar a conocer esta situación y exigir a la comunidad internacional que asuma su responsabilidad de proteger a la población civil, y especialmente a las mujeres (el colectivo más numeroso), este año queremos dedicarles UN DIA PARA LA ESPERANZA.
En el grupo la voz de Fátima, queremos hacernos eco de la vida de miles de mujeres que sufren y cuya voz es silenciada. Con independencia de quiénes sean, dónde vivan o cómo hayan sido afectadas por las crisis, se deben garantizar sus derechos humanos.
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